Mons. Strickland critica la normalización de actos homosexuales en la Iglesia
Una voz firme en tiempos de cambio
El obispo emérito de Tyler, Mons. Joseph Strickland, ha hecho eco de su preocupación respecto a un reciente informe emanado del Grupo de Estudio n.º 9 del Sínodo sobre la Sinodalidad. En su carta pastoral, titulada «Una urgencia en la Iglesia», publicada el 5 de mayo de 2026, Strickland denuncia lo que considera una grave contradicción con la enseñanza tradicional de la Iglesia sobre la homosexualidad.
Una crisis doctrinal alarmante
El obispo subraya que el informe en cuestión desafía las bases de la moral católica al sugerir que las relaciones homosexuales podrían ser aceptables. Strickland señala que la Sagrada Escritura es clara en su condena de estos actos. En su epístola a los Romanos, San Pablo menciona que tales actos son «contrarios a la naturaleza». Además, el Catecismo de la Iglesia Católica establece que los actos homosexuales son «intrínsecamente desordenados» y «contrarios a la ley natural» (CIC 2357).
Según Strickland, esta enseñanza no se basa en prejuicios ni en opiniones culturales, sino en la Revelación Divina y en la tradición constante de la Iglesia. Al sugerir que el pecado no reside en las relaciones homosexuales, se está realizando, en sus palabras, un ataque directo a la doctrina moral católica y a las Escrituras.
La verdadera pastoral según Strickland
El obispo enfatiza que la misión de la Iglesia es amar a los pecadores sin jamás bendecir el pecado. La auténtica caridad, sostiene, busca el arrepentimiento y la conversión a través de Jesucristo. No se puede afirmar un comportamiento que aleje a las almas de Dios, ya que un pastor que observa el peligro y se mantiene en silencio no actúa con misericordia.
La normalización de relaciones homosexuales dentro de la Iglesia, según Strickland, forma parte de un intento más amplio de transformar el catolicismo para hacerlo más acorde con las exigencias del mundo moderno. Sin embargo, él sostiene que la Iglesia no debe sucumbir a las presiones contemporáneas, ya que su verdadera pertenencia es a Jesucristo, no al mundo.
La destrucción de Sodoma y Gomorra, recuerda el obispo, fue una advertencia divina sobre el grave pecado sexual y la rebelión contra el orden del Creador.
Strickland concluye que la reinterpretación y minimización de estas verdades dentro de la Iglesia deberían generar una profunda tristeza y alarma entre los fieles, instando a todos a permanecer firmes en la enseñanza de la Iglesia.










