Redescubriendo la Historia desde una Perspectiva Humanista

La Influencia del Humanismo Cristiano en la Educación

Desde mi llegada a Europa en 2001, inicié un camino que se convertiría en mi vocación: ser profesor universitario. Mi primera experiencia docente fue en la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Monteávila, una institución que surgió con el firme propósito de centrar sus enseñanzas en el humanismo cristiano.

El profesor Gabriel Gutiérrez fue quien me presentó este proyecto en 1996, y desde entonces, me uní al grupo de fundadores que trabajaba en la elaboración de los programas de historia para la carrera de Comunicación, aunque también abarcaban otras áreas como Derecho, Administración y Educación.

Los Inicios de un Sueño Académico

En la quinta “Joselin”, ubicada en la avenida San Carlos de La Floresta, nos reuníamos frecuentemente para discutir no solo el contenido de los programas, sino también el ideal educativo que deseábamos construir. Durante esas reuniones, formé lazos con personas que hoy son colegas y amigos, como Jennifer Uzcátegui y la recordada Alicia Álamo Bartolomé.

El profesor Antonio Ricoy, licenciado en Educación y Comunicación Social de la UCAB, me introdujo a una serie de autores que ampliarían mi visión sobre la historia. Mi formación previa en la Universidad Central de Venezuela (UCV) se había centrado en aspectos más limitados de la historia, y mi interés por comprenderla de manera más profunda me llevó a ser autodidacta, guiado por tres grandes educadores: Helena Plaza, Graciela Soriano de García-Pelayo y Oscar Vallés.

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Una Nueva Perspectiva Histórica

Antes de esta etapa, mi enfoque histórico estaba influenciado por el marxismo y la Escuela de los Anales. Sin embargo, gracias a la enseñanza de Plaza y Soriano, comprendí la importancia de las perspectivas románticas y positivistas en la historiografía de nuestro país. Esto me llevó a centrarme en el estudio del personalismo político y las instituciones.

Desde entonces, estas temáticas se han convertido en el eje central de mi análisis histórico, donde examino las formas políticas como un punto de convergencia entre creencias, mentalidades, derecho y economía. A lo largo de mi trayectoria, la visión del humanismo cristiano que adquirí en Monteávila ha enriquecido aún más esta perspectiva.

“La historia se construye desde la interacción de múltiples factores que reflejan la esencia humana.”

En conclusión, la historia no es solo una serie de eventos pasados, sino la construcción de valores y creencias que dan forma a nuestra sociedad. La educación en este contexto se convierte en una herramienta poderosa para formar ciudadanos conscientes y comprometidos.

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