El Cardenal Sarah llama a la defensa de la familia en '2050'

La urgencia de la voz cristiana

En su reciente obra titulada '2050', el Cardenal Robert Sarah, prefecto emérito de la Congregación para el Culto Divino, enfatiza la necesidad de que los católicos se pronuncien ante los ataques legislativos y mediáticos que amenazan a la familia. Según el Cardenal, "el silencio sería una traición", una advertencia que resuena con fuerza en un contexto donde la familia enfrenta desafíos sin precedentes.

Una nueva mirada sobre la Iglesia

El Cardenal Sarah, en diálogo con el escritor Nicolas Diat, plantea una reflexión profunda sobre el futuro de la Iglesia y la civilización occidental. Su diagnóstico se centra en que la actual crisis de la Iglesia es principalmente espiritual y doctrinal, y que su raíz se encuentra en la tendencia de evaluar a la Iglesia con criterios mundanos.

"La Iglesia es mal comprendida porque se la juzga a partir de categorías profanas", señala el purpurado, quien insiste en que "no necesitamos una institución mundana más".

Sarah argumenta que el efecto de la secularización ha llevado a un "crisis de vocabulario", donde la confusión en la terminología precede a una crisis de fe. Este fenómeno, advierte, es destructivo y no pastoral.

La centralidad de Dios en el pontificado

En su libro, el Cardenal expresa su entusiasmo por el inicio del pontificado del Papa León XIV, pero aclara que su alegría es teológica y no meramente emocional. "Un pontificado no se mide solo por decisiones disciplinares, sino por su capacidad de poner a Dios en el centro", explica.

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Cuando el Papa prioriza la adoración sobre la organización y la conversión sobre la estrategia, afirma Sarah, la Iglesia puede recuperar su esencia. "Donde Dios es colocado nuevamente en el centro, renace la paz", sostiene, resaltando la importancia de una doctrina clara y sin ambigüedades.

El Cardenal también aborda el diálogo interreligioso, subrayando la diferencia entre respeto y relativismo. Aunque reconoce las verdades en otras tradiciones, enfatiza que "la plenitud de la Revelación está en Jesucristo".

Finalmente, Sarah hace hincapié en que la unidad de la Iglesia no puede basarse en particularismos ideológicos o nacionales, ya que esto fragmenta la verdadera catolicidad. "La unidad está fragilizada por el relativismo doctrinal", concluye, reiterando la necesidad de una Iglesia que sea un signo de contradicción en el mundo actual.


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