La República y sus nuevos íconos: una mirada a la santidad laica
Una ceremonia que redefine la santidad
En una reciente ceremonia civil en Italia, el presidente Sergio Mattarella reconoció a 28 jóvenes por su civismo y valentía, un acto que ha suscitado una reflexión profunda sobre la relación entre la sociedad y la religión. Estos jóvenes, que van desde un niño de 13 años que salvó a un amigo de ahogarse hasta una voluntaria de la Cruz Roja, han sido premiados en un evento que, aunque laico, está impregnado de una notable religiosidad.
La santidad laica: un nuevo paradigma
El evento, denominado “Abanderados de la República”, pone de manifiesto una especie de santidad laica en un mundo que parece funcionar sin la necesidad de lo divino. Este fenómeno ha sido analizado por el ensayista y periodista Stefano Fontana, quien destaca que estas ceremonias civiles presentan múltiples elementos que recuerdan a las tradiciones religiosas:
- Un credo de valores que deben ser defendidos, a menudo a costa de riesgos personales.
- Un texto sagrado, que en este caso sería la Constitución.
- Rituales establecidos, como el protocolo civil que se sigue durante la ceremonia.
- Una autoridad superior, representada por el presidente que otorga el reconocimiento.
- Una comunidad, aunque sea civil, que se reúne para celebrar estos logros.
Según Fontana, “la Iglesia tiene sus santos, pero la República también tiene los suyos”. Esta afirmación puede parecer inofensiva, pero implica un cambio en la percepción de la moralidad y la ética en nuestra sociedad.
Un cambio de paradigma: la religión laica en ascenso
Fontana argumenta que el creciente reconocimiento de estos “santos sociales” por parte de la República sugiere una tendencia hacia la sustitución de la religión tradicional por una religión laica que se considera superior. Este cambio se manifiesta en la creencia de que el Estado moderno puede operar de manera efectiva sin la intervención de lo divino. Este nuevo enfoque propone que la ética social puede existir de manera autónoma y que, por tanto, no se necesita a Dios para guiar el comportamiento humano.
“El secularismo se presenta como un absoluto en la esfera pública, incluso cuando se opone a los principios absolutos de la religión.”
Este proceso ha sido gradual, comenzando con la idea de que los santos de la Iglesia no solo beneficiaban a las almas, sino también a la sociedad. Ahora, se promueve la idea de que los ciudadanos ejemplares, aquellos reconocidos por sus actos de valentía y altruismo, deben ser los modelos a seguir, incluso para la Iglesia.
La conclusión a la que se llega es que un cristiano es considerado un buen cristiano solo si es también un buen ciudadano. Este nuevo enfoque plantea interrogantes sobre el papel de la religión en la vida pública y su capacidad para coexistir con los nuevos ideales de la sociedad moderna.







